Retroceso
de la superficie glaciar peruana se ha perdido desde 1962
Guía para comprender los cambios e impactos
Foto: Mery del Carpio
de la superficie glaciar peruana se ha perdido desde 1962
en Áncash presentan riesgo de desborde (528 a nivel nacional)
de personas dependen del agua de origen glaciar
de la energía eléctrica consumida en el Perú es generada por hidroeléctricas
Fuente: INAIGEM y Ministerio del Ambiente
Junto con los bofedales, funcionan como reservorios naturales de agua que alimentan ríos y abastecen a millones de personas, sosteniendo la agricultura, la generación hidroeléctrica, los ecosistemas y las comunidades a nivel regional y nacional.
Además, regulan el clima de montaña, son indicadores clave del cambio climático y poseen un importante valor cultural, turístico y científico.
Hoy, el aumento de las temperaturas, los cambios en las precipitaciones y otros factores ambientales están acelerando su retroceso, alterando el equilibrio de los ecosistemas de alta montaña y poniendo en riesgo los beneficios que estos glaciares brindan a la sociedad.
El glaciar Artesonraju muestra un ejemplo del retroceso glaciar en la Cordillera Blanca.
Desde 2013, ha perdido el 44% de su superficie (INAIGEM, 2023), un cambio que refleja la rápida transformación de los glaciares en los Andes tropicales.
Foto histórica / Foto actual
El retroceso glaciar no afecta a todos los glaciares por igual. Factores como la altitud, el tamaño y las condiciones climáticas locales influyen en la velocidad y magnitud de los cambios observados. Desde la década de 1970, el glaciar Yanamarey ha disminuido rápidamente en tamaño y hoy está cerca de desaparecer.
Fuente: ANA Perú
La secuencia muestra el retroceso de los glaciares, la formación y expansión de lagunas glaciares, y la transformación de montañas como Tocllaraju, Palcaraju, Chinchey y Ranrapalca. Nota en particular cómo se expande la Laguna Palcacocha, que representa un riesgo de desborde que generaría un aluvión hasta Huaraz.
Fuente: Caroline Clason
Este mapa reúne la información más reciente disponible sobre los glaciares y lagunas de origen glaciar del Perú. Cada capa puede activarse o desactivarse para visualizar distintos tipos de información y entender mejor cómo ha cambiado el paisaje de alta montaña. Haz zoom, mueve el mapa y explora los diferentes glaciares, valles y lagunas con más detalle.
Fuente: INAIGEM (2026)
Las tres capas principales muestran el hielo que aún queda, las nuevas lagunas creadas por el retroceso glaciar y las lagunas que podrían representar un peligro para las poblaciones e infraestructura aguas abajo. Juntas permiten comprender los cambios en la cordillera y sus implicancias para el agua, la seguridad y la adaptación.
lagunas que podrían generar aluviones si un desprendimiento de hielo o roca provoca su desborde, así que el nivel de riesgo.
glaciares que aún quedan, clasificados según su tipo (glaciares limpios, cubiertos por detritos o glaciares de roca)
lagunas formadas por el retroceso de los glaciares
Fotografías históricas que capturan la Cordillera Blanca de otras décadas, para ver la transformación del paisaje andino a través del tiempo.
Fuente: Archivo histórico de la Cordillera Blanca
Los glaciares tropicales son de los más vulnerables del mundo. Al encontrarse en una región cálida, el hielo se derrite durante todo el año y las nevadas ya no son suficientes para reemplazar lo que se pierde. Además, muchos glaciares de la Cordillera Blanca son pequeños, lo que acelera aún más su desaparición.
Los fenómenos de El Niño y de La Niña alteran las temperaturas, las
precipitaciones y la cantidad de nieve que reciben los glaciares cada año,
haciendo que algunos periodos registren un deshielo mucho más intenso que
otros.
Selecciona ambos fenómenos para ver cómo cambia.
Durante El Niño, las temperaturas aumentan y las nevadas disminuyen, mientras que las lluvias se vuelven más frecuentes. Sin una nueva capa de nieve que refleje la radiación solar, el hielo absorbe más calor y se derrite con mayor rapidez. Por ello, los años de El Niño suelen coincidir con algunas de las mayores pérdidas de masa glaciar.
En los últimos 500 años se han registrado alrededor de 120 eventos de El Niño; desde finales de la década de 1970 estos episodios se han vuelto más frecuentes e intensos.
Durante La Niña, el océano Pacífico tropical se enfría y las condiciones atmosféricas cambian. En los Andes pueden presentarse temperaturas más bajas y variaciones en las lluvias y nevadas que modifican temporalmente el balance de los glaciares.
Aunque ciertos años pueden favorecer una mayor acumulación de nieve, La Niña no revierte la tendencia de pérdida glaciar provocada por el aumento sostenido de la temperatura global.
El carbono negro y el polvo, provenientes de fuentes naturales y actividades humanas como la industria, los motores diésel o los incendios forestales, se depositan sobre los glaciares y oscurecen su superficie.
Esto reduce su capacidad de reflejar la radiación solar, aumenta la absorción de calor y acelera su derretimiento.
Figura: INAIGEM y Meverick Jeampiere
Todos dependemos de algún modo de las montañas y los glaciares.
El retroceso glaciar puede generar una cadena de cambios que impactan la
disponibilidad de agua, los ecosistemas, la infraestructura y la calidad de
vida de las comunidades.
Selecciona un tema y descubre cómo nos afecta.
Aunque el retroceso glaciar puede aumentar temporalmente el caudal de los ríos, este efecto es pasajero. A medida que los glaciares pierden sus reservas de hielo, disminuye también el agua que aportan, especialmente durante la época seca.
A largo plazo habrá menos agua disponible cuando más se necesita, poniendo en riesgo a ciudades, cultivos, generación de energía y comunidades que dependen de ella.
A nivel mundial, más de 2 000 millones de personas dependen directamente del agua procedente de las montañas.
En los Andes esta dependencia es crítica: en Huaraz, los glaciares pueden aportar hasta el 67 % del suministro anual y el 91 % durante sequías.
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Al retroceder, los glaciares exponen rocas y sedimentos que pueden liberar minerales y metales, aumentando la acidez de ríos y lagunas, fenómeno conocido como Drenaje Ácido de Roca.
En la Cordillera Blanca algunas corrientes han registrado un pH de hasta 3,1, frente al rango 6–7 habitual en ecosistemas saludables.
Puede causar problemas gastrointestinales, irritaciones y exposición a metales dañinos.
Aumenta el costo de tratamiento para que el agua sea segura para el consumo.
Impacta la agricultura, la ganadería y la producción de alimentos.
Afecta la vida acuática y el equilibrio de ríos y lagunas de alta montaña.
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El retroceso glaciar también suele dar origen a lagunas represadas por morrenas y sedimentos inestables. Estas lagunas pueden crecer rápidamente y aumentar el riesgo de aluviones de origen glaciar, poniendo en peligro vidas humanas, infraestructura y medios de vida. En Perú, casi 25,000 personas perdieron la vida entre 1941 y 2014 solamente como consecuencia de desastres glaciares.
Ubicada sobre Huaraz y alimentada por los glaciares Palcaraju y Pucaranra, es una de las lagunas con mayor riesgo de generar un aluvión.
Un evento de este tipo podría afectar a unas 27 000 personas, además de viviendas, servicios y biodiversidad.
Perú es el tercer país del mundo con mayor riesgo de aluviones de origen glaciar, y la cuenca del río Santa es una de las de mayor riesgo.
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Los Andes tropicales son una de las regiones con mayor biodiversidad y endemismo del mundo.
Albergan más del 15 % de las especies de plantas del planeta, además de numerosas especies de flora y fauna que dependen de las bajas temperaturas y del agua de origen glaciar.
A medida que los glaciares desaparecen, las especies adaptadas a ambientes fríos también enfrentan la pérdida de su hábitat y, aunque algunas pueden desplazarse hacia mayores altitudes, el rápido ritmo del calentamiento limita su capacidad para adaptarse o colonizar nuevas áreas.
Mayor riesgo para especies endémicas y organismos acuáticos.
Se alteran procesos como el reciclaje de nutrientes y la regulación del agua.
Disminuyen la polinización y la disponibilidad de recursos naturales.
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Los efectos del retroceso glaciar van mucho más allá de los propios glaciares. Los cambios en la disponibilidad de agua pueden afectar la agricultura, la ganadería, el turismo, la generación hidroeléctrica y la biodiversidad.
Miles de hectáreas de tierras agrícolas dependen del agua de los glaciares, por lo que su desaparición amenaza la producción agrícola y la seguridad alimentaria.
La reducción del caudal compromete la generación hidroeléctrica, que aporta casi la mitad (47,8 %) de la generación eléctrica del Perú, con impactos económicos y en la seguridad energética.
Reducción del atractivo turístico y pérdida de patrimonio cultural para comunidades que consideran los nevados lugares sagrados.
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Conoce las acciones clave que pueden ayudar a reducir el retroceso glaciar y sus impactos.
Aunque parte del retroceso glaciar ya es inevitable, su velocidad aún depende de las emisiones que produzcamos. Reducir los gases de efecto invernadero mediante energías renovables, transporte sostenible y protección de los bosques es fundamental.
En la Cordillera Blanca también influyen contaminantes locales como el carbono negro, generado por vehículos, industrias e incendios.
Los gases de efecto invernadero atrapan calor, elevan la temperatura global y aceleran el derretimiento de los glaciares.
El carbono negro oscurece el hielo, que absorbe más calor y acelera su derretimiento.
El crecimiento de lagunas glaciares, las lluvias más intensas, los cambios en la disponibilidad de agua y el riesgo de aluviones hacen que el futuro sea cada vez más incierto.
Gestionar el riesgo significa planificar considerando la incertidumbre, fortalecer la capacidad de respuesta y reducir la vulnerabilidad.
Instituciones como INAIGEM, la ANA y diversas universidades monitorean glaciares, lagunas y cuencas para anticipar riesgos. Sin datos permanentes es más difícil comprender los cambios y responder a ellos.
Los ecosistemas altoandinos regulan el agua, estabilizan los suelos, almacenan carbono y ayudan a reducir los impactos del cambio climático. Proteger glaciares, bofedales y bosques de montaña, a través de mecanismos como Soluciones Basadas en la Naturaleza (SBN), es clave para enfrentar la escasez de agua, el riesgo de desastres y la pérdida de biodiversidad.
Los bosques de quenual (Polylepis) ayudan a que el agua permanezca más tiempo en la montaña. Al favorecer la infiltración y estabilizar los suelos, reducen la erosión, disminuyen el arrastre de sedimentos y contribuyen a mantener el flujo de agua hacia ríos y quebradas incluso durante la estación seca.
Por eso, restaurar estos bosques puede beneficiar tanto a la biodiversidad como a las comunidades que dependen de esos recursos hídricos.
Proteger hábitats clave y fortalecer las áreas naturales protegidas.
Restaurar bosques, bofedales y otros ecosistemas para mejorar la resiliencia.
Planificar el uso del suelo y del agua para reducir la degradación.
Las montañas siguen poco presentes en las políticas públicas. Sin marcos legales claros, pueden verse afectadas por actividades como la minería o la deforestación.
También deben integrarse en las estrategias nacionales sobre cambio climático, biodiversidad y agua para construir una visión común de conservación y adaptación.

Impulsa una Política Nacional de Glaciares y Ecosistemas de Montaña para reducir los impactos del retroceso glaciar.

Reconoce los glaciares como recurso estratégico y establece una política nacional para su protección.

Busca mejorar la calidad de vida en regiones de alta montaña y el desarrollo sostenible.
El cambio climático no respeta fronteras. Adaptarnos requiere la colaboración entre comunidades, científicos, gobiernos y organizaciones, además de una ciudadanía informada.
La educación, la capacitación y la cooperación internacional permiten compartir conocimientos y fortalecer la adaptación desde las comunidades hasta regiones enteras.
Las comunidades andinas han observado la montaña durante generaciones, viviendo directamente sus cambios. Han aprendido a reconocer señales del territorio que no siempre aparecen en los registros científicos, como variaciones en el comportamiento de las fuentes de agua, cambios en los pastos o en los ciclos de lluvia.
En colaboración con la ciencia, permiten una lectura más completa de lo que está ocurriendo y de cómo responder de forma más ajustada a cada lugar.
Aunque estén separadas por miles de kilómetros, muchas cordilleras comparten los mismos desafíos.
Iniciativas internacionales como la Mountain Partnership y Adaptation at Altitude conectan los Andes, el Himalaya y África Oriental para intercambiar conocimientos y fortalecer la adaptación al cambio climático.
Educación ambiental, montaña y conservación desde la Cordillera Blanca.
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Ver másLa Cordillera Blanca es fuente de agua para miles de personas, un lugar clave para estudiar el cambio climático y el mayor conjunto de glaciares tropicales del mundo. Conocerla es entender que su valor va más allá de sus paisajes.
Respeta las áreas protegidas, no dejes residuos, permanece en senderos señalizados y procura que tu paso tenga el menor impacto posible.
Infórmate, comparte información fiable y, cuando puedas, apoya iniciativas locales de conservación e investigación.
Foto: Steven Guio